Bienvenidos: Revista La Urraka Internacional
Edición N° 33


Portada:
Mujeres trabajando
Autor: Yemba Bissyende
Técnica: Batik
Medidas: 40 cm x 1m 30 cm

Seguidores

domingo, 3 de diciembre de 2017

Érase un páramo... era nuestro páramo

ÉRASE UN PÁRAMO… ERA NUESTRO PÁRAMO
Mirada oblicua al Páramo de Guerrero… y Páramo de Santurbán

Por: Jesús María Stapper

El páramo  trasiega raudo por una trocha que lo lleva a la extinción y no es una falsa alarma. El Planeta Tierra anda en la misma situación: está que perece por causa de “un vuelco inusitado”. El derrumbe ocurre hacia su propio vientre. El gran terremoto (juicio final dicen algunos) no emerge ardiendo en lava (como es su costumbre), la hecatombe va senda adentro derritiendo piedras y silencios. La tierra tiene maltrecha la carretera de su tiempo correspondiente… algo ha acortado su destino, nos lo dice con sus alaridos que matan de espanto y con las profecías esparcidas a la vera de los siglos. Apenas en estos momentos el hombre enciende los primeros atisbos de preocupación. Apenas entiende que ha trepanado el corazón de nuestro planeta extrayéndole la vida. En la vigilia tardía entendemos un poco la profundidad de los abismos y lo cruento de las consecuencias.

El páramo (de antes) se alimentaba de plantas. Los frailejones eran a su piel como un manto nuevo repleto de venas transparentes que conducían fragmentos de vida. Cada sauce tenía su propia habitación. Las raíces enseñaban sus destinos de imborrable rastro y atestiguaban el eco de su memoria infinita. Las aguas nacientes lavaban su rostro frío y sus pies espaciales. Los vuelos de los cóndores daban tibieza a su piel de arcilla y extendían manantiales de polen por entre los vericuetos de sus montañas. Los colibríes venidos de “otros mundos” lo alimentaban con el maná traído en sus picos llenos de virtud. El tiempo andariego descansaba recostado sobre las boinas de nieve… allí mismo calmaba el furor de su sed transitoria: bebía de los sorbos generosos de las neblinas vespertinas.  Los antiguos nevados iluminaban las galaxias distantes. Era cuando el páramo aún tenía juventud y deseos de vivir… y su cuerpo no sangraba contaminado por sus arterias abiertas.

El páramo de hoy perece entre los  vacíos desesperados de su propia carroña… así siente, herido de muerte, que es un erial maldito. Desconoce su agua que fue de cristal… desconoce el golpear musical de las viejas cascadas. El páramo de mañana será un espacio inútil si sabe que a partir de ahora nada ofrenda. No tendrá alientos para valerse por sí mismo. Sólo servirá de moridero en su terreno agonizante. Luego tiene motivos suficientes para perecer a prisa. El único culpable de su fallecimiento eterno, sin duda es el hombre, el excelente depredador, el perfecto destructor. Es un ser que depreda (sin necesidad) con sevicia, sin contemplaciones austeras. Es un ser “racional” que no entiende de cuestiones efímeras.

No es un páramo en particular (éste de mi narración), aunque menciono nuestro Páramo de Guerrero, aunque menciono nuestro Páramo de Santurbán, del nororiente colombiano, allá en la tierra donde nacimos y donde en las mañanas “sufrimos” los golpes espesos de las  nubes cuando andaban en ágil marcha para no llegar tarde  a sus destinos previstos con los ocasos como tarea, ni a los romances presentidos por el ensueño sideral  desde las inmemoriales épocas. Son todos los páramos… es toda la tierra. A los páramos le sonsacan (a ultranza) todo lo que llevan guardado dentro. Incluso lo que nos es inútil. Incluso lo que nos extermina a pasos agigantados. La vida por unos recursos no renovables. La vida por una pepita de oro que lucirá un cuello ordinario. La vida por unos cuántos pesos (dólares, euros, qué sé ‘yo’…). Destruir incluso una nación por una botella de petróleo (oro negro le dicen). Vivir una mortandad de seres humanos por el brillo de una esmeralda escondida en un nicho resplandeciente. Extraer uranio (fuente de material fisil para las armas nucleares) como un “elemento” compañero de todos nosotros que solamente destruye nuestro riñón, nuestro cerebro, nuestro hígado, nuestro corazón. Oh… cómo no recordar lo sucedido en Rumania el 30 de enero de 2000 cuando 100.00 metros3 (cúbicos) de aguas (residuales) contaminados con metales pesados inundaron el río Tisza con 120 toneladas de cianuro. Muchas extensiones de tierra de páramo se cubren de toneladas de mercurio caminante y mortífero.  De todas maneras la explotación minera en los páramos (y todos los lugares) es continua porque se aprueba a “pupitraso limpio” o en acción furtiva  por los gobiernos non sancto-s a “cambio de nada”. Las grandes y medianas y pequeñas “compañías del oro” explotan donde quieren… es decir, explotan “su antojo”  y su ambición a todo dar. Por cada onza de oro explotada se requieren quinientos litros de cianuro (o mercurio) que va (por toneladas) a lagunas, ríos, quebradas y arroyos. ¡Es toda una hazaña… una miserable hazaña! 

La pregunta sacramental es: ¿quiénes se benefician con la destrucción de los páramos (y la tierra) a cambio de la explotación minera? ¿Quiénes se apropian de tal riqueza? ¿Cuál es el destino de algunos de los “elementos” explotados, acaso la construcción de arsenales? Me da vergüenza mencionar Goldcorp, Newmont Minig Corporation, Barrick Gold (grandes compañías del oro) porque puedo herir susceptibilidades, las de ellos {los dueños: grandes y nobles sibaritas} claro está. Para nosotros los hombres humildes morir por estas ‘causas contaminantes’ y por armamento asesino es una costumbre de vieja data… resignación pura nuestra y de nuestras subyugadas naciones: las balas y las bombas incrustadas en nuestros cuerpos nos redimen, nos salvan de padecer la vida,  según algunos predicadores. En sano juicio no podemos “sindicar” de culpable a nadie por unos cuántos millones de muertos más. Los pobres sobreabundan… eh ahí el servicio productivo de los misiles. Por otra parte me dicen que existen los “señores de la guerra”, mafiosos traficantes de armas y oro y coltán y piedras preciosas.  Son hombres de toda calaña y toda índole (les dicen), pero ‘yo’ todavía considero que ello es un infame chisme. A veces, de verdad, lo creen a uno un perfecto ignorante y por poco se deja convencer cuando de sembrar calumnias en nuestra inteligencia se trata. 

Y pensar que lo bueno y lo malo nos lo da con tanta generosidad la tierra. No obstante creo, con cierta ingenuidad, que un río de aguas cristalinas y puras vale más que todo el oro. Ni qué decir del valor (sin precio embasado) de una laguna,  una ciénaga,  un mar…un océano. Ni qué decir de una arboleda fresca atiborrada de sauces y nogales que nos arropa con su sombra y su melodía eólica. Y la fauna de tierra fría (paramera para nosotros),  animales de pelo largo como cobijas ambulantes ¿dónde habitará después?  El páramo y el agua desaparecen a la par como si estuvieran atados de pies y manos y su ombligo fuera uno sólo.

Noticias, hechos y evidencias hay, que la explotación minera (de oro) en el Páramo de Santurbán ha causado la muerte de miles de peces en el río que atraviesa al Municipio de Salazar de las Palmas en el Departamento  Norte de Santander. Otros ríos y arroyos sufren las mismas consecuencias. Ayer fue la flora, hoy es la fauna, después será la gente (gente de mi tierra nortesantandereana). Salvemos de “estos avatares” al Páramo de Guerrero del Municipio de Cáchira. Salvemos los páramos que en el mundo aún nos quedan, aunque moribundos están. La esperanza no está perdida. No pensemos en vivir después con un “gran cargo de conciencia” como si fuera un estigma malvado que no nos permitiera vivir: Erase un páramo… era nuestro páramo. Sabemos que la resurrección todavía puede llegar. Salvemos los páramos… salvemos al hombre.

La humanidad contemporánea todo lo vende, todo lo compra. Vende guerras, compra guerras. Dispara armas, regala muertos. Luego dinero hay hasta para adquirir y hacer con apremio lo que no necesitamos… acreditada ostentación. Los países poderosos y las grandes multinacionales saben que las guerras del futuro tendrán un motivo de fixture para iniciar las confrontaciones bélicas de exterminio total. Se trata del precioso líquido: el agua. Es verdad, el agua escasea. Encontrarnos mañana con ella será un milagro. No ignoramos que el agua nace en los páramos. Sabemos que las vertientes hídricas están arropadas de nubes y plantas endémicas. Salvando los páramos salvamos las aguas. Gobiernos imperiales (grandes potencias que llaman los genuflexos) y multinacionales se unen para consolidar un firme propósito. Compran páramos, compran  cuencas hidrográficas, compran los nacimientos de agua. Hoy compran los terrenos a precio de pescado podrido… tan barato como pueden. Así lo intentaron con las Cataratas  de Iguazú. Mañana, es decir más pronto de lo que pensamos, no nos alcanzará un lingote de oro para comprarles a ellos (los nuevos dueños), un vaso de agua, el agua que por antonomasia y por generosidad de la tierra es nuestra. Veremos el agua pero no podremos tocarla… ya no será una propiedad de la humanidad sino de unos cuantos. El mayor poder sobre la tierra lo tendrá quien tenga más agua potable (y de las otras aguas).

Para empezar a salvar nuestros páramos nos toca aplicar políticas conscientes. Las obligaciones son gubernamentales, inter-institucionales y comunitarias. Los gobiernos nacionales, como un patrimonio que no se enajena ni prescribe, como un beneficio pleno para la gente de su nación (cada nación debe hacerlo) debe comprar todo terreno aledaño al agua, hablo de los nacimientos,  ríos, quebradas, caños, arroyos, lagunas, lagos y demás, por lo menos a doscientos o trescientos metros del área circundante. Los ríos requieren áreas específicas de protección. Tareas medio-ambientales de acción continúa se deben desarrollar. Colombia tiene fortalezas hídricas que por obligación debemos cuidar. Es una de nuestras grandes riquezas. Colombia debe cuidar sus aguas para la manutención y la vida de los colombianos. Así todos los países deben hacer lo mismo, no como una cuestión de prepotencia y abrumador comercio, sino como un “instinto” de supervivencia humana. Los invito a salvar de la explotación minera (en específico del oro) al Páramo de Santurbán y por qué no, a cuidar el Páramo de Guerrero, sombrero frío del Municipio de Cáchira donde nací. En la mirada oblicua que hago sobre estos dos páramos que me conciernen, concluyo que prefiero decir: ¡Son unos páramos… son nuestros páramos! Y están vivos.

martes, 21 de noviembre de 2017

UNA GOTA DE AGUA PARA MAÑANA


UNA GOTA DE AGUA PARA MAÑANA
Tratado desde una perspectiva idealista
Por: Jesús María Stapper
   
Una gota de agua estableció su lar mágico en el origen de la vida. El agua es, sin duda, la definición exacta de toda génesis. Una gota de agua acampa en el centro del corazón del hombre. El agua es un manifiesto de esperanza, es una proclama de existencia. Del agua depende la supervivencia de las especies, racionales, irracionales y vegetales. Por fortuna, aún hoy, el agua es una realidad líquida-tangible y verdadera. Es  también una virtualidad manifiesta gaseosa-intangible y verdadera. Todavía la saboreamos de pies a cabeza como lo hacemos cuando estamos frente a la generosa desnudez de la mujer que deseamos. La palpamos en las sombras de las nubes que van de fiesta, hacia los crepúsculos, hacia los ocasos. Nos percatamos de su existencia cuando nos estremece con su milenario alfabeto de relámpagos y truenos. La sentimos en las gotas que vagan por nuestras melenas. Una gota de agua nos lleva al asombro cuando la vemos estacionada en los pezones erizados de la empapada dama que pasa por la esquina de nuestras calles cercanas. El agua es éxtasis, es espectáculo, es música, es nutriente, es transparencia, es virtud, es paraíso. El agua tiene cuerpo, tiene alma, tiene espíritu. El agua tiene, por sí misma, todo cuanto le hace falta.

   Que maravilloso es cuando el agua nos habla con su cristalino lenguaje de cascada o con la  voz pasajera y sonámbula de los ríos andariegos. El agua tiene canto de selva… tiene manifestación de altivos ecos cuando irrumpe por la manigua. El agua tiene labios salados cuando nos habla de las soledades y  de los sueños del mar infinito. Cuánto nos alucina con sus enigmas grabados y escondidos bajo la piel de sus pozos profundos. Caronte el antiquísimo barquero todavía navega buscando tu corazón y tu sagrado vientre.  Eneas aún prosigue en la aguerrida lucha contra tus turbulencias grises. Johnny Weissmüller todavía bebe agua de un arroyo diamantino, todavía celebra sus lianas, aguas abajo. Todavía existen bogas que narran tus tempestades de media noche… sortilegio tuyo: gota de agua enardecida. El agua-océano de la tierra calma la sed de las estrellas perdidas. El agua-océano silba su canción delirante  para enamorar a los oídos de los universos desconocidos.

   Gota de agua generosa y mansa, de ti dicen que no sabes hablar, pero seguro, sé que entiendes, por ello, te hago una confesión sincera y una advertencia de alto apremio. Existe sobre la tierra un depredador infame, es por defecto, el máximo depredador, es quizás el  depredador consciente. Es el único depredador de todo, depredador del agua, depredador de la tierra, depredador del universo, depredador del hombre. Ese hombre depredador del hombre es el hombre. Ese hombre depredador también soy yo. ¡Qué vergüenza! El hombre, repleto de egoísmo, de prepotencia, de ignorancia, no sabe de tu generosidad, no entiende de tu calidad dadora de nacimiento y dadora de la permanencia de la vida cuando está viva.

   De manera rauda, cual creciente alborotada y sin destino, al agua la estamos matando sin consideración alguna. Tal vez somos los peores seres por cuánto somos más salvajes que la más catastrófica de las avalanchas. Por depredación infame, mañana, el agua será una metáfora cernida a través de la melancolía, la añoranza y el deseo. El agua estará de manera figurada en el eco no cristalino de un verso escrito con las sílabas del espejismo,  en los umbrales de la última  sed.  El agua será un recuerdo mudo del pretérito agreste, indomable y salvaje que habitaba entre los humedales de las arboledas pasadas. El recuerdo del agua habitará entre las reminiscencias y los clamores del  idealismo de los últimos hombres moribundos… y será  el final de una especie. Y será el final de todo lo viviente y de todo lo que esté por nacer. La existencia de una gota de agua para mañana será una cuestión de fe. Será la invocación abnegada  pero sin resolver, de la procesión humana que cabizbaja, bajo faroles encendidos, caminará sin alternativa, hacia la extinción. Sucederá, sin duda alguna, porque el ‘conglomerado humano’ crece y los recursos naturales de-crecen. 

   Día a día desaparecen los caminos reales del agua, hechos por el agua, para el agua. Ya no escuchamos como antes, las voces históricas y los lenguajes eternos de los ríos que iban de paso, pero proseguían con su legado, en los mismos lugares. Y ¿en dónde están las inmensas boinas de nieve? Las charcas en donde nadé tantas veces están vestidas de arena reseca, están vestidas de escombros.  Sobre la fuente (que tanto me inspiraba) construyeron una porqueriza. La porqueriza (de una multinacional), dicen, da plata; la fuente únicamente nos daba en-sueños e ilusiones, y me dio el placer inolvidable de febriles romances. 

   Los imperios y las multinacionales, a ultranza, injusticia y salvajismo, “dueños y dueñas de todo por orden divino”, incluyendo la vida y la muerte, tienen autorización celestial para arrasar y matar sin piedad, al igual que hoy tienen los ojos puestos, con intereses mezquinos, sobre ti mi pequeña gota de agua habitante de la tierra. Te quieren encerrar y te quieren vender. El agua pierde su libertad cuando la envasan para venderla en frascos de plástico, eso, yo lo entiendo, y me declaro  aliado tuyo y de tu libertad, amada gota de agua.

   Sabemos que pronto, a través de una vil estrategia, serán declaradas “guerras de baja intensidad” entre los pueblos hermanos que habitan en la vastedad amazónica. Después, hombre amazónico, si no te extingues en “las confrontaciones”, y si quieres vivir, pagarás como un condenado, por tu propia agua. Pagarás a los hombres imperiales que armados con misiles y balas de oro, son santos y son benditos, y que a  fuego y publicidad barata, usurparán tus suelos y se llevarán tu riqueza. Y no será solamente la Amazonía, será cualquier lugar en donde el agua pura brote de la tierra  y salga desprevenida, a caminar por ahí... 

   Sabemos que mañana no habrá una gota de agua para el día siguiente. En una cercana mañana el hombre dará su existencia porque a sus labios los lime una gota de agua, porque a su boca llegue el sabor del rocío irrigado en  la pequeña hoja de un arbusto de la vecindad. Gota de agua convócanos de nuevo al encuentro con tu imagen santa, con tu estadio sagrado. Gota de agua, por favor, no te vayas nunca de la Pachamama.  Invítanos a descubrir, contigo, lo inefable y milagroso de la tierra santa. Gota de agua carente de egoísmos, y de otros defectos, estoy seguro que si tú salvas a un solo hombre quizás logres salvarnos a todos. Cuando una gota de agua valga más que la vida de un ser humano valdrá más que la inteligencia del hombre. Lo peor de todo está en que hacia allá vamos. Y de la manera en que vamos, llegaremos pronto. ¡Qué pesar! Difícil tarea tienes gota de agua, pero no imposible, debes lograr que todos los hombres seamos tus amigos. Y yo, Hombre, me convoco, y me declaro amigo del agua, de una gota de agua para mañana. Agua bendita por favor ¡sálvanos! Gota de agua, de mi parte te declaro un ser libre, y por lo tanto, te digo: vete a caminar por donde quieras. Creo que la humanidad entera no necesita más oro: “áureo destello de separación, miseria y muerte”. Creo que la humanidad entera lo que necesita es más vida para vivir más. Debemos impedir que el hombre asesine a la naturaleza, y por ende, que el hombre asesine para siempre, al hombre.

viernes, 4 de agosto de 2017

Los escritores en La Urraka


La primavera y el camino

Soy el sendero que marca la distancia entre tus pasos y la llegada. Soy el guía que no habla con palabras, ese que nunca se desvía, que no te miente, ni te deja.

Soy tu amigo de cerca y de lejos, estoy sobre colina, sobre el río y al principio y al final del monte. Soy el confidente que escucha tus alegrías, comparte tus lágrimas, ríe contigo y sueña lo que sueñas.

No necesito nada tuyo, sólo quiero llevarte a donde vayas, no importa la distancia, siempre estaré para llevarte a donde quieras. Cuando te sientes sola y cansada invoco a mi amigo el viento para que te impulse un poco.

Jamás te juzgo si caminas y vuelves una y otra vez, nunca dejaré de acompañarte sin decir una palabra. No me importa si eres torpe, si te rindes de vez en cuando, si corres o saltas, sólo quiero acompañarte.

No dejes de venir, porque sin ti me perdería, necesito de tus pasos, de tus pensamientos, de tus sueños. Cuando caminas yo voy contigo, cuando te detienes yo lo hago, pero si tu no vienes, no tengo razón de ser.

Nunca te diré que dirección debes tomar, pero a donde vayas yo iré. Jamás me enojaré contigo, por que al igual que tú, también te necesito, sin ti no vivo, no sueño, no soy.

Cuando el silencio marca las distancias y resuena el viento del norte. Allí en el sendero estoy aguardando, se que vienes cansada y quizá debas descansar en mi orilla.

Soy el guardián de tus pasos, el compañero que hace lo mejor que puede. No lloro, no me quejo, no estoy triste ni feliz cuando estoy solo. Pero cuando tú estas, soy tus sentimientos.

Necesito tus caricias sobre mí, tus lagrimas aplacar mi piel y tus cantares que me dan vida. Para ti conservo flores a mi vera, para que sonrías cuando te llevo. 

Cada invierno sufro en silencio, cuento los días y noches. Siempre sueño con el primer día de ese sol radiante, y me regocijo al verte subir desde el bosque al sendero, siempre vestida de magia y color.

Tus perfumes refrescan mi alma, tus flores adornan mis orillas. Soy feliz cuando te veo llegar, recorro las colinas, los bosques y las montañas contigo, soy tu guía, eres mi razón de ir y venir.

Oigo tu canto en cada cruce, cada curva, bajada y subida. Cuando llegas a mi encuentro, estás conmigo en todas partes, de cerca y lejos, por tres meses nunca me dejas.

Pero luego al final, veo como poco a poco me abandonas, con lágrimas en tus ojos. Te alejas poco a poco; siempre con la eterna promesa de volver.

Es una historia eterna de dos seres que se aman. Que se encuentran y se alejan, que se vuelven a encontrar, que no conocen el tiempo, la distancia o olvido.

Sé que cuando acabe el frío invierno, tú vendrás. Vendrás tan hermosa como siempre, cubierta de flores y perfume, como sabes que me gusta, vendrás porque sabes que yo estaré aquí, esperándote como ayer, como hoy, como siempre.

Escritor y poeta: Sermendo (Venezuela)

Rosa Carrasco Cortés en La Urraka


Agasajo

Cuando llegues
                                            te haré una fiesta,
para hacerla suntuosa
tengo lo necesario.

Miles y miles de invitados
los brillos dela noche estrellada,
                                                                    manjares exquisitos
tu boca, la mía.

Trajes de gala
                                                             tu piel y mi piel.

Música alegre
el latir de nuestros corazones,
                                                                             nuestros cuerpos violines,  arpas o guitarras
vibran  de pasión al ser tocados.
Invitados de honor
Tú…yo…
                    
                                                                               ¡cuándo llegue

...........................................................................................
Vacío

Viajo
en el misterio grandioso
 de los sueños,
fantaseo
en tus noches por mi  piel.

Escalo, rasguño a rasguño
y despacito llego
 al néctar de tus labios.

Me acuno en tu fuego,
prisionera soy
de  tus manos vacías.
.........................................................................................
Ventisca

Cada   amanecer,
                                                     arrastra tras de  si
un abatimiento nuevo
                                                           golpea como látigo.

En cada  noche  
                                       y  sin detenerse
llegan  silencio, soledad,
                                                    frialdad de palabras ausentes.

Cansancio del obrar
                                                    pegándose en las órbitas
                                                         silenciosos   gritos,
los separan de su misma sangre.
.............................................................................................
Hallazgo

Busco tu sombra en mi maleta,
                                     rebusco en su interior,
en las esquinas.

¿Dónde está?
                                                 La encuentro en la blusa
impregnada de tus abrazos,
en el sombrero que guarda                                                    
                                                   la sombra de tu voz,
en el vestido que arrulló tus risas,
en la camisa que cubrió tu piel,
                                    en la páginas del libro
que ojeabas mientras tomabas un café.
Busque   tu sombra
 y  la  hallé… en tu fantasma.

Poeta Rosa Carrasco Cortés (Colombia)

jueves, 13 de abril de 2017

Por caminos de pájaros avanza la escritura de Orlando Sierra Hernández

POR CAMINOS DE PÁJAROS AVANZA LA ESCRITURA DE ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ
 
Por Conrado Alzate Valencia
 
Un libro que nunca se publicó y el inicio de una gran amistad

En el año 1996, fui finalista de un Concurso Departamental de Poesía, con un libro titulado “Declaración del caminante”. El dossier nunca se publicó, no obstante a que el jurado calificador dejó en el acta, constancia de lo siguiente: “Harold Alvarado Tenorio y Jotamario Arbeláez, llegamos a un empate en la calificación de dos de las obras concursantes…”.Y “…recomendamos la publicación de ambas obras, a ver cuál de ellas recibe el premio del público, como ahora se estila en las justas cinematográficas”. Muchos de estos textos fueron devorados por el ángel del fuego. Ese era el primer concurso importante de literatura en el que participaba.El departamento de Caldas todavía me debe la publicación de un libro.

Pero no hay mal que por bien no venga, como dice el célebre adagio; fue por este hecho que conocí personalmente a Orlando Sierra Hernández. Yo estaba en el Instituto Caldense de Cultura, hoy Secretaría de Cultura de Caldas, cuando se me acercó Orlando a saludarme efusivamente, a deplorar la irregularidad que se había cometido conmigo y a decirme que yo era su candidato para participar en un evento cultural que se iba a realizar por esos días en Manizales. En uno de los corredores de este centro cultural, vimos nacer una amistad fraternal.

La Casona

Casi todos los bares y cafés tradicionales de tertulia han desaparecido irremediablemente; han caído para que surjan otros negocios más rentables como casas de juego y almacenes. En la carrera veintitrés, frente al Club Manizales, existió un bar inolvidable llamado La Casona, donde nos reuníamos con frecuencia Antonio Leiva Rivera, Jaime Bedoya Martínez (El Pijao Rebelde), Augusto León Restrepo, Orlando Sierra Hernández, Luis Gerardo Salazar Muñoz, Gonzalo González Galvis, Juan Carlos Acevedo Ramos, entre otros escritores y abogados.

En las tardes, cuando los densos muros de niebla caían sobre la ciudad, nos encontrábamos en La Casona, para hablar de festivales de literatura, de novedades bibliográficas, de filosofía y por supuesto de poesía; íbamos a este mágico sitio para escuchar baladas románticas y escapar del frío pegajoso. El lagar de Baco era generoso, pues siempre nos recibía con una botella de ron. De este modo vencíamos los días inciertos y difíciles. Allí nacieron muchas de nuestras creaciones literarias. La desaparición de La Casona, es  un buen ejemplo de que la ciudad no existe, como expresa Adalberto Agudelo Duque. La ciudad nace y muere todos los días, cambia su pesada piel como las serpientes. Fue en este viejo bar de poetas, donde consolidé la amistad con Orlando.

Taller de poesía con Eugenio Montejo

Luego, en octubre de 1998, fui invitado a un taller de poesía para escritores, organizado por los VI Nuevos Juegos Florales de Manizales, orientado por el poeta venezolano Eugenio Montejo. Este taller se realizó en el Instituto Caldense de Cultura y a el asistieron: Dorian Hoyos Parra, Jaime Bedoya Martínez, Edgar González, Flóbert Zapata Arias, Uriel Giraldo Álvarez, Alberto Verón, Humberto González, Mario Armando Valencia, Juan Carlos Acevedo Ramos, Juana María Echeverri y Orlando Sierra Hernández.

La Patria registró esta actividad cultural con las siguientes  palabras: “El Taller de Poesía que dirigió el poeta venezolano Eugenio Montejo, fue como ‘la última cena’ cultural de los VI Juegos Florales que terminan hoy. Sin embargo como en la historia sagrada, la poesía no muere aquí, sino que seguirá difundida por los ‘apóstoles’ de este género literario quienes transmitirán las enseñanzas que les dejaron estas jornadas poéticas”.

Diez años después, muere Eugenio Montejo (Caracas, octubre 19 de 1938- Valencia, junio 5 de 2008), quien fue poeta, ensayista, diplomático, profesor universitario, gerente literario de la editorial Monte Ávila de Venezuela y fundador de interesantísimas revistas. Autor de El taller blanco, La ventana oblicua, Papiros amorosos, Alfabeto del mundo, Partitura de la cigarra, entre otros libros.  Además recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo.

En este taller que duró cinco días y donde tuvimos la oportunidad de leer nuestros textos y someterlos al sabio escrutinio del poeta venezolano, pude conocer más sobre la producción literaria de Orlando, sus lecturas y los motivos que lo empujaban a escribir.

Líneas biográficas 

Orlando Sierra Hernández (Santa Rosa de Cabal, septiembre 21 de 1959 – Manizales, febrero 1 de 2002). Se graduó en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas y Comunicador Social y Periodista de la Universidad Tadeo Lozano, profesor universitario, periodista, novelista y poeta. Autor de los libros de poesía Hundido entre la piel, El sol bronceado, Celebración de la nube, Poemas (Colección de Poesía “Tulio Bayer”)y de las novelas La estación de los sueños, Para justificar a William Blake, La copia del muro de Berlín, El club de la corbata roja y La maldición del oráculo, las tres últimas inéditas. Redactor Cultural, Jefe de Redacción, Asistente de Dirección, Director (e)  y Subdirector del diario La Patria.

Orlando era un buen hombre, gran conversador, elegante, inteligente y memorioso. Parecía un adolescente precoz y enamorado, cuyo delito fue ser defensor de la justicia. “Yo soy un niño terco / metido en ropa de hombre mayor. / Alguien que se da de golpes contra el mundo / por no desnudar sus miedos, / sus carencias”, como el mismo se define en su poema Confesión.

Las balas acallaron su voz

Recordemos, en un país hasta donde recordar es peligroso, que Orlando fue asesinado por las mafias políticas de Caldas, quienes no le perdonaron las denuncias demoledoras que él hacia desde su columna de opinión Punto de encuentro, de La Patria. 

Al respecto, el poeta Mario Riveroredactó estas notas para la revista Golpe de dados:“…en Manizales, su lugar de residencia, fue alevemente abatida la vida de Orlando Sierra Hernández, uno de los periodistas colombianos más originales, agudos y polémicos. Empecinado en convertir su columna ‘Punto de encuentro’, -que cubriera en el diario La Patria desde 1994- en punto de mira de una cruzada sin tregua contra el desgreño administrativo y la corrupción”. Y más adelante agrega Rivero: “Le apostó pues a una tarea de titanes –casi imposible en el país actual- y como era de esperarse, lo silenciaron. Acallaron su voz de analista político y social…”

Su poética

El poeta Carlos Héctor Trejos Reyes, me comentó alguna vez que con un libro de amor era difícil ganarse un premio. No sé si los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, obtuvo alguna distinción. Sin embargo Orlando Sierra Hernández, con Celebración de la nube, ocupó el segundo puesto en un concurso de poesía organizado por la Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía, en 1991. 
  
El amor es el tema predilecto en lacreación poética de Sierra Hernández. El amor es  principio y razón de todo, es anhelo, es paraíso, es salvación, es iniciación y vida; ante él, la muerte no tiene ningún poder, siempre sale vencida.

Ni la recia luna / que encabrita el mar y trastorna la mente del genio.  / Ni el cocotero con su lindero de estrellas / y aún ni la sombra del pájaro / que se ha hecho fruto en el árbol,me asombran tanto como tú. (Declaración de amor).

Asimismo el amor es luz, es poder, es asombro, es pureza y misterio exornado de figuras retóricas como el símil. Veamos este ejemplo.

Todo el amor / que llevo dentro / que gravite sobre ti / como la aureola sobre la cabeza del santo. // Sin sombras sea / como la hora del mediodía / cuando el sol está justo en medio / del alba y de la noche.// Que sea puro / Como el salto de un conejo,/ tan misterioso como el truco del mago,/ tan asombrado como la mirada del niño en el circo. // Que así sea este amor. (Entrando en detalle).

Un tema recurrente es el de los pájaros, tal vez porque son hijos del paraíso, hermanos de la luz y del aire.El poeta trabaja con la preciosa divisa de Octavio Paz: “Por caminos de pájaros avanza la escritura”. Los poetas son  seres alados según la idea platónica. Y si son seres alados,entonces son como los pájaros que vuelan hacia las alturas, por las sendas del misterio.

Los pájaros anidan en la luz. // Salen con el sol / a poner el día sobre el mundo./ (Despiertan los colores dormidos / de las cosas, / sacan la noche de los ojos del hombre). // Y en el ocaso / se fugan / por el hueco de la luna / hacia otros cielos. (Pájaros). 

O estaotra breve y estupenda creación, escrita con la “prístina lengua de los dioses”.
 
Cuando se creó el mundo / el aire // se hizo trinos / y el cielo fue un oleaje de plumas. // En estos tiempos / el aire // es sólo un vidrio ahumado / en el que chocan los pájaros. (De ayer a hoy).

Por sus páginas también discurren músicos, cantantes y poetas como Louis Armstrong, Carlos Gardel, Walt Whitman, Fernando Pessoa y Robert Lowell.  

Hombres hay que llegan a sus bares / con la piedra de la fatalidad pegada al cuello / y al escucharte reconocen que viven, / que tú existes / y que no todo está perdido. / Aún no eres ausencia Carlos / y es por eso que te esperamos, te seguimos esperando, / muy a pesar de que por ahí se diga / que andas tomando mate con Contursi en el cielo. (Voz de siempre)

El poeta invoca la muerte sin ningún temor, la invita a su mesa de trabajo para cantarle con humor, pero también para criticarle su impaciencia y su glotonería con los jóvenes.

No saques a bailar en tu fiesta a los jóvenes,  / ni aunque te pidan una pieza, / mejor a los viejos, a los muy viejos, / se duermen entre tus brazos / tan dulcemente,  / tan quedamente. (Invocación a la muerte). 
El agua es una magnífica poetisa que baja del cielo y de la cumbre,que discurre cantando por la sierra. El agua es vital, curiosa, sencilla, tierna y medicinal. Así es la poesía de Orlando Sierra Hernández. 

Manizales, marzo 21 de 2017.

martes, 13 de diciembre de 2016

Ensayo: LA PAZ EN COLOMBIA COMO UNA VICTORIA


“Cuando un Pueblo está ávido de paz
ha sentido sobre su espíritu y su sangre y su sombra,
el rigor de la barbarie”

Malateo Impoluto

LA PAZ EN COLOMBIA COMO UNA VICTORIA

Por: Jesús María Stapper

CERCANIA  Y DISTANCIA
Estás tan cerca... y tan distante... de mí
Como cerca y distante está la utopía de la paz... Mundial

                                                                      
Sospechoso poema  –que no es poema por carecer de hálitos             
poéticos- escrito ante la violencia que nos derrumba  y nos masacra

VAGOS ANTECEDENTES SECULARES
A lo largo de los cinco siglos últimos Colombia ha estado marcada en su frente sangrante por un sino trágico: EL RIGOR DE LA BARBARIE: estigma maldito, karma y suplicio alimentado desde la injusticia, la ignorancia, la miseria, la exclusión y la esclavitud del Pueblo.

La llegada invasora y destructiva y sangrienta de los españoles (a-cometida por lo lumpen de la sociedad que nos enviaron -por desahucio moral- en su momento desde la península europea) dio inició al saqueo a ultranza de toda riqueza indoamericana (hispanoamericana) aplicada desde el darwinismo étnico-social, cultural, religioso, económico, político. Riqueza que hoy ostenta con alarde la monarquía española. (Igual sucede con otras monarquías  tras el hurto de las riquezas de la India y  de África, por ejemplo). En el cono sur de América hubo más corrientes de sangre indígena en los senderos que aporte constructivo español. En ello la causa... y la consecuencia... de lo mucho que padecemos.

COLOMBIA: ERA REPUBLICANA
Con la gesta emancipadora iniciada por Galán y sus Comuneros, por Bolívar y su Gente, tras una presunta libertad –lograda-, pero más presunta independencia del yugo español y de los yugos foráneos -en el porvenir-, se dio inicio al “concepto república”, a la esperanza de un territorio  por ¡ser nación libre y soberana! Entre ilusiones y defectos nació Colombia. Hoy es un país con más de dos siglos de fracaso político continuo orientado desde el terror y la injusticia con base en la “política dominante” de las castas conservadoras y liberales (en el presente sub-ramificadas en otros grupos que son un resultado de lo mismo... para lo mismo) que  han sido obsoletas, inútiles y corruptas. No es así la honradez y el empuje laborioso y la infinita creatividad del Pueblo colombiano que “se hermana” cuando es ajeno de las contiendas electorales o de las “protuberancias” religiosas. En todo sentido, Colombia es el país más rico del mundo. No obstante el continuo prurito politiquero: Colombia es un país pobre. Este es el miserable  eco de La Gran Falacia: un manifiesto de mentira. Los políticos colombianos en su mayoría, salvo muy contadas excepciones, roban de manera constante al país. En cada periodo gubernamental  hurtan dinero por toneladas. Mientras tanto el pueblo-país se hunde en el abandono, el atraso, el desarraigo, la impotencia. Para hacer lo que hacen, para justificar la corrupción y la ignominia a lo largo de nuestra era, los regímenes  han utilizado dos estrategias elementales y miserables sea como sofisma... fuere como entelequia. La primera es: no sacar al Pueblo de la ignorancia, mantenerlo inculto, no educado-preparado, para diezmarlo en su discernimiento, creando entre la gente: odio social desde la  “consciencia de enemigo político o religioso” fuere desde lo local o lo nacional, con exterminio entre  comunidades, manteniendo viva la guerra... y la muerte. Por causas político-religiosas en nuestra era republicana,  van varios millones de muertos, donde el noventa y nueve por ciento de los cadáveres los ha aportado la gente humilde. Ni hablar, por vergüenza, de los métodos violentos utilizados. La segunda estrategia es: “Yo: régimen politiquero colombiano que domino como amo y señor: mientras divido  a sangre y fuego a la sociedad menesterosa, encuentro mecanismos expeditos y corruptos para de  manera deleznable robar al País mientras asesino –de múltiples formas- a los colombianos postrados y mendicantes. Ahí está el resultado: Colombia, la rica, la poderosa, ocupa el tercer lugar entre los países del mundo en pobreza y desarraigo social con  sus respectivas consecuencias. En esto sólo superamos a Haití  (el país más pobre de la tierra) y a Angola. No hablo acá de credo político, o sistema económico en particular, sino de posibilidad de crecimiento y riqueza, puesto que con dirigencia inteligente y capaz y honrada tendríamos que ser la primera potencia del mundo, superando calidades sociales y de conocimiento como las de Alemania (mi ancestral     Nación), Suecia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, por ejemplo. Somos los primeros, si, en ostentar: gamonalismos. Vivimos necesitados desde la aldea, lo regional,   hasta la República de “torpes, incultos y ordinarios mesías”. Nuestro País suramericano es más rico que cualquiera de los países mencionados. Sólo unos cuántos crecen. No he visto la primera propuesta que haga conversión total del país pobre que nos enseñan hacia la cumbre de la armonía y del desarrollo  real de todos los colombianos. 

LA PATRIA TRISTE QUE NOS CORRESPONDIÓ
Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, pero con pesar, que los colombianos   de siempre, nacimos en una Patria injusta y sangrienta... virulenta. Padecemos una violencia sin tregua. Inicialmente con el terrorismo conservador-liberal tan sanguinario. Al que hoy se suman otros actores macabros: Narcotráfico. Guerrillas. Paramilitares.  Terrorismo narcotraficante de extrema derecha anclado en los gobiernos ineptos y en el Estado inservible. Terrorismo de extrema  izquierda con iguales pretensiones. Nacimiento de otros sectores políticos con los mismos defectos de los partidos precedentes. Aparecen sectas religiosas que pululan más que las escuelas. Medios de Comunicación pervertidos. Los intereses particulares de manera vil crecen y la Patria agoniza. Lo mezquino se convierte en lo perfecto. No nos conmueven ni el hambre  de los niños ni la muerte masiva de los vecinos... de los compatriotas. Somos “entes ajenos” ante la flagrante corrupción: no le exijo honestidad  y capacidad y brillantez al político –gamonal- por el cual voto, pero si lo defiendo como un “capo indefenso” en sus artimañas peligrosas.  Las últimas décadas con miles y miles de cadáveres, asesinados  a la vera del destino, son el muestrario vergonzoso de nuestros males. Por nuestros ojos han bajado sangrantes y muertos muchos conocidos... familiares, amigos, en síntesis: muchos  colombianos “de los unos y de los otros”. Y el Pueblo estoico, tan abnegado y laborioso, pero por hipnopedia creado “siempre enemigo entre sí”, pobre Pueblo que es tan pobre,  permanece incólume, trabajando honrado y  vive con su sacrificio aportando grandeza y riqueza al País que sólo unos pocos “privilegiados” usufructúan.
 
CONVOCO A INHALAR  LOS AROMAS DE LA PAZ
Ante los flagelos que nos agobian, ante la incompetencia política y económica por resolverlos (gobierno-estado-sociedad),  nos surge una pregunta, allende lo político, allende lo religioso, allende toda diferencia étnica, social o cultural: ¿Será la misma Patria triste y sangrienta la que dejaremos a los niños nuevos, a las generaciones venideras? ¿Seremos incapaces de resolver nuestros problemas? ¿Los ríos de sangre sobre los senderos de la Patria continuarán? ¿Qué tan mediocres somos quienes pertenecemos por circunstancias existenciales a la sociedad contemporánea testigo de la infamia? ¿Cuáles son las razones válidas para que haya guerra en Colombia? ¿Cuáles son las ganancias reales que nos ha dejado la violencia secular? ¿Serán vanos todos los esfuerzos que se realicen en pro de la paz para corresponder como unos tontos al interés mezquino y electoral y económico de unos pocos? Más preguntas hay, estoy seguro,  en el corazón de cada colombiano.

Por fortuna la esperanza  de la paz en nuestra tierra colombiana no se desvanece todavía. Son innumerables las personas, entidades, organizaciones,  sectores, regiones, ajenos a los gobiernos y los sectores políticos que  dedican  recursos, tiempo y esfuerzos por lograrla a través del consenso,  la dialéctica,  la solidaridad.  No lo hacen desde las futuras cárceles y los nuevos cementerios, no desde la represión estatal, no desde las armas del poder o desde las armas de sus contradictores. La violencia en un país de riqueza inconmensurable sólo tiene un generador de oficio: la corrupción política. Esa, esa... además de la pobreza y la ignorancia y la exclusión, son las enemigas que debemos  derrotar pronto. La paz aún con todos sus defectos, que se pueden corregir con el tiempo y los hechos, es superior a toda guerra. Tenemos que aprender a vivir de otra manera. Más elevada. Con mayor plenitud. No ignoremos ninguna ocasión de paz. Quiero que mis contradictores políticos o religiosos (soy ateo) o lo que fuere, sean mis grandes amigos. Lo han sido. Lo son. Lo serán.  Convoco al PUEBLO COLOMBIANO a pretender una paz real más allá de toda política... de toda religión. Vivimos hoy el momento de empezar. Si no lo hacemos, con seguridad la guerra nos sorprende a nosotros o a uno de los nuestros o a cualquiera de “los otros” que sufrirán tanto como yo, como usted... como todos. Podemos regalarnos cuanto antes la paz como una victoria colombiana.

Bogotá D.C. Diciembre 2 de 2016
Colombia - Sudamérica

domingo, 8 de mayo de 2016

En memoria del escritor Fernando Soto Aparicio, el poeta Fernando Cely, quien lo conoció como pocos, nos trae esta semblanza del maestro.

SOTO APARICIO O LA REBELIÓN LITERARIA

Por: Fernando Cely Herrán
Director “Corporación Artística y Literaria  ESCAFANDRA”
Bogotá D.C. Enero de 2012

 Este mundo parece marchar hacia su desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta   humanidad...  

                                                                                   Ernesto Sábato

Difícil tarea para un humilde discípulo referirse a la monumental obra de su maestro, sobre todo, sin poder evitar mezclar esa armonía, que gracias al albur, nos cruzó en un camino, que me conduce  a proyectarlo más allá de sus obras.

Nuestra relación nació hace unos 25 años en uno de los innumerables encuentros de escritores que hemos compartido; amistad  matizada con versos, anécdotas, travesuras y repentismos. Pero quizás las oportunidades de explorar a fondo su mente y corazón de magno creador, se dieron de mejor manera cuando dictamos Talleres de Creación Literaria para estudiantes de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), pues nos encontrábamos con frecuencia para ocuparnos de la  planeación de los mismos y siempre unos minutos antes de iniciar labores para degustar un café y compartir inquietudes, y también cuando asistimos acompañados por los poetas Fernando Vargas Valencia, Álvaro Marín y Darién Giraldo como representantes de Colombia, al Primer Encuentro Latinoamericano de Poesía en el Puerto de Veracruz (México) en Junio de 2010. Allí, después de cumplir las rigurosas jornadas académicas, solíamos dedicarnos a caminar largas horas, haciendo paradas en sitios de interés e hidratar las palabras con Tequilas aderezados con toda clase de acompañamientos gastronómicos y artísticos.

En esos inolvidable periplos, de manera involuntaria resulté entrevistando a mi Maestro sobre todos aquellos aspectos que conforman la creación literaria: cómo nacían sus personajes, la forma de  tejer cuidadosamente las tramas de sus libros, la manera como relacionaba  de manera coherente la realidad con la imaginación, los factores que influían para mostrar realidades sociales sin caer en el exceso. Recibí de todas aquellas sabias disertaciones, un bagaje espléndido de conocimientos, pero ante todo, pude acercarme de manera especial a las novelas y libros de poemas que en tantas oportunidades trabajé en las aulas de clase y a los que él suele entregarme con afecto para compartir sus caminos.

Llegan a miles los estudios, las tesis de grado y las referencias que en medios virtuales se ocupan de su extensa obra. De igual manera los reconocimientos de academias, universidades, centros educativos y entes gubernamentales. A pesar de  acercarse a los 80 años de edad, es evidente su energía y su inagotable talento. Recorre como cualquier veinteañero poblaciones, veredas y ciudades, dejando a su paso una estela de sencillez y sabiduría que le hace merecedor del sincero afecto de quienes tenemos el privilegio de frecuentarlo. Firma autógrafos, posa sonriente para las fotografías de quienes quieren perdurar el recuerdo de haber compartido con él, y hace honor al ingenio de sus ancestros boyacenses al desplegar su permanente buen humor y una “chispa” prodigiosa. Sin embargo, tengo la certeza de que al no enrolarse voluntariamente con las consabidas roscas intelectuales y académicas, conservando cristalina independencia, su trasegar no ha alcanzado la dimensión que merece. Poco importa, pues su vida es testimonio de rectitud y su obra, patrimonio indiscutible de nuestro transcurrir histórico. Como todo buen creador, sabe que serán los pueblos y la historia quienes realicen en su momento la valoración de su inmenso legado.

Pretendo entonces compartir algunas reflexiones, tratando de concentrarme en el mero aspecto del fenómeno de la creación y de los aportes del Maestro al panorama de las letras colombianas.

Soto Aparicio son sus libros, sus personajes sencillos, desgarrados, amorosos, expectantes, intrépidos: una amalgama de profundos sentimientos que se pasean por las páginas  de sus historias sin final, porque cada una, nos deja el patrimonio de la reflexión, la invitación a encarnar a esos seres que entre líneas parecen tan cercanos que se convierten en nosotros mismos. Cada obra de Soto Aparicio se torna en una saeta que penetra en las retinas y llega al corazón para conmoverlo y transformarlo. Cada nuevo libro de Fernando Soto es un Soto distinto, no suele repetirse ni desgastarse en perfiles, sino que irrumpe con tenacidad en la configuración de tramas que envuelven en esa telaraña extraña que atrapa y forma al público lector.

Soto es el niño, el hombre, la mujer, el paisaje, la voz del oprimido que conserva ideales, el poeta que canta al futuro, voz de América ignorada por los opresores y amada por su pueblo que lo sabe y reconoce como su hermano. Soto Aparicio es padre, hermano, hijo, compañero, consejero ante la acritud, mediador ante la aspereza, canto e ingenio para la sonrisa.

Innumerables resultan los análisis de su prolífica obra, trascendida principalmente en el exterior, donde goza de la reputación y el reconocimiento que muchos de sus compatriotas voluntariamente han ignorado, pues en una nación en que sus gobernantes conducen a la eterna guerra, nunca tendrán cabida las voces indignadas, ni las propuestas de paz en la voz de un cantor enamorado de su tierra, de sus gentes, de la viabilidad de la esperanza.

Es por eso que en sus publicaciones encontramos de principio a fin, el único factor común que se percibe en su extensísima obra, que es el particular estilo, donde el lenguaje poético es la savia que engalana los recovecos de la mente y el corazón del hombre: lo esotérico y lo sempiterno se entrelazan en un diálogo que perturba la esencia y nos coloca en el interludio entre la vida y la muerte. Es el amor que sin contornos, conduce a la expiación, a la liberación de los entornos físicos, para adentrase en procesos de inmolación como supremo dogma de amor, como sublimizada entrega.

Acertadas descripciones vienen y van párrafo a párrafo en sus libros, enlazando sus partes: unas detenidas en el escenario físico y en el entorno de esos seres contagiados de amor, otras fluyendo, como inmenso río en la espesura de la mente, otras sangrando desde el corazón en la búsqueda de los seres amados que al partir, nos legaron dolores y abandono.

Su obra abarca temáticas en lo cotidiano, pero que son mostradas tramo a tramo, con el encanto sutil de unas prosa fluida inundada de imágenes, trasladándonos a los terrenos propios del recuerdo, la evocación y la añoranza, invitando a asumir posturas en el contexto social, religioso y político, dentro de un ejercicio escritural que nos relega de la indiferencia y que seguramente será asumido por las nuevas generaciones como punto de partida, en la maravillosa experiencia de explorar raíces e identidad, menoscabadas inclementemente por procesos de globalización que pretenden dejarnos sin historia. De esta manera Soto Aparicio aporta a la humanidad la magia de su cosmovisión amorosa. No habla aquí el hombre, sino el corazón de quien se inmola en el ejercicio de proponernos nuevos y posibles universos.

Al explorar la narrativa y la poesía de Soto Aparicio, es fácil vislumbrar que en nuestra patria la palabra ha perdido su sentido conciliador. Nos estamos matando unos a otros mientras que los vocablos esperan se les conceda turno para tratar de abrir entendimientos y por supuesto voluntades.

Hemos perdido la virtud de escuchar y la hemos remplazado por el estruendoso grito del horror y el eco del lamento. Vamos irremediablemente a la nueva construcción de la torre de babel,  no porque hablemos diferentes idiomas,  sino porque el que hablamos no nos es suficiente para alejarnos de la belicosidad y de la arrogancia  La palabra debe acarrear un compromiso.  La vida está ligada a ella con un mágico cordón umbilical que conduce a la  bella proyección de la existencia.

Curiosamente el habernos convertido en uno de los territorios más violentos del mundo, nos ha permitido buscar en las diferentes expresiones del arte un acercamiento hacia nosotros mismos y a nuestras verdaderas raíces. Y ese es precisamente el sentido y legado que encontramos en las diversas obras de Soto Aparicio. Existe cierta virtud en evocar; sano es hacerlo si los recuerdos resultan gratos, y masoquista si recordar produce incertidumbre.

Bien afirmaba Borges: “aquel que juega con las palabras está jugando con el universo”  revelando intencionalmente, que el mundo concreto es aquel que está escrito y que ese testimonio es la única forma de rencontrarnos con el origen y el pensamiento de los pueblos.

Al leer y asumir la obra de Soto Aparicio, comprendemos con profunda nostalgia, que nos rodea un entorno con el que somos demasiado escépticos. Cada palabra cuidadosamente escrita nos trasciende a querer formar parte de  la nueva historia y a discernir, que aunque queramos ignorarlo, el futuro de este país está columpiándose en los parques que soportan la asfixia del cemento, está en las aulas de escuelas y colegios recreada con pilatunas, sonrisas y ocurrencias, está en miles de semáforos disfrazada de frunas, mangos, malabaristas y trapillos para limpiar parabrisas, está en los ojos que injustamente crecen entre el desarrollo tecnológico y la barbarie.... Y en esa historia nueva, emerge  la palabra como mástil mayor del navío de los sueños, dispuesta a embellecer lo perpetuable, a permitirnos amar la plenitud del sol, la caricia del agua y el arrullo del viento. Solamente valorando el legado de todo lo positivo que construyeron las anteriores generaciones y juzgando sus desaciertos, escribiremos las nuevas páginas que revindiquen nuestra historia.

A diario muchas voces claman por una sociedad justa, en que la prioridad sea el hombre. Soto Aparicio va más allá: diseñó una cátedra universitaria que dicta desde hace varios años, en la que propone metodologías para mejorar el mundo y alcanzar la felicidad, convencido de que aunque a diario se escriban tratados y se paguen millonarios estudios, niños, jóvenes y ancianos no encuentran el hábitat que les permita la sana convivencia. Nunca es tarde para remediar tanta desidia y en ese sentido las propuestas literarias se convierten en importante alternativa.

Sabe Soto Aparicio que es difícil educar en un ambiente adverso: en el aula se infunden valores que se contradicen desde el momento mismo en que se abre la puerta para el retorno a los hogares. Los estudiantes que horas antes rindieron homenaje a su bandera y escucharon reflexiones sobre  cómo  mejorar el entorno, son víctimas de la violencia familiar, receptores de noticieros escalofriantes que informan de nuestras eternas guerras, testigos mudos de una sociedad que se debate entre la corrupción y el delito.

Por eso las obras de Soto Aparicio se construyen desde el corazón, desde la pertenencia, desde la primera vocal. Por eso su trabajo debe valorarse y considerarse como piedra angular de una sociedad que merece y requiere transformarse.

Soto Aparicio me hace recordar los importantes fundamentos de Bachelard, cuando nos conduce al mundo esquemático que nos ha sido entregado; mundo que se diluye ante el influjo del mundo constructor de universos paralelos, rompiendo los linderos del tiempo para entregarse a la contemplación. En apariencia se trata de abandonar los paradigmas cotidianos del lenguaje para moldearlo de forma aún más estética y enriquecerlo con artificios y adornos insondables. De lo que se trata es de reconstruir el mundo y entregarlo en obra gris para que los demás ayuden a transformarlo. El asunto es dimensionar una dialéctica de los sentidos: plasmar lo humano y lo inhumano, convertir los sentidos en metáforas, para partir de las vivencias íntimas.

La creación no intenta tomarse atribuciones frente al lenguaje: lo muta con ingenuidad, dando la libertad de acoger o no las nuevas propuestas interpretativas, de atender sus símbolos y equivalencias, de desbordar los valores socialmente predeterminados, de utilizar estrategias que conduzcan  a la intuición, a la magia sagrada de la palabra. Desde esa perspectiva, nuestro Maestro es un creador de imágenes y cómo no serlo si gran parte de su producción la ha desarrollado como libretista de televisión y cuando varias de sus obras han alcanzado la pantalla. Cada imagen reflejada por un creador, es fulgurante acontecer, simplicidad y armonía. Conjunto de laberintos que confluyen en verdadera razón de la existencia.

Los Libros de Soto Aparicio libro han sido escritos por un niño desprevenido y limpio; ratifican la belleza que adquieren las palabras que invitan a la gran fiesta, donde los convocados somos todos, para  vivirla en la ternura familiar, en la dedicación paciente y amorosa en las aulas de clase y en el vuelo de los sueños. Hace siempre la corte en este ágape, el amor, soberano de la tierra.

Salvar al género humano parece utopía,  pero no lo es. Cuando logremos equilibrio entre lo que se enseña y lo que se vive, cuando estemos en capacidad de salvaguardar la integridad y el bienestar de todos los que pretendemos un mejor mañana, podremos establecer la coherencia: un planeta vivible en donde cada habitante se levante cada mañana, sabiendo que será útil a los suyos y a su comunidad, con seres cuyos actos se transformen en pan y sus ideales en realizaciones, para frenar la apocalipsis del progreso desdibujado.

La pedagogía no sería más que otra palabra si no estuviera acompañada de procesos profundamente humanos en donde se demuestre, sin temor, que la inspiración requiere de corazones dispuestos al diario trasegar, en el que no puede ni debe faltar la ensoñación. Estas razones validan ampliamente un propósito: que el gran legado de las obras de Soto Aparicio sea asumido en hogares y escuelas de Colombia y del mundo.

Soto Aparicio nos permite continuar siendo niños, pues en cada producción nos devuelve la fe en un país y en un mundo que en ocasiones parece perder el rumbo de la esperanza. Basta acompañar un poco sus espacios para ratificar que se trata de un ser singular que aún se asombra, y nos asombra.
Soto Aparicio es siempre renovación y novedad, al irrumpir con una desbordante actividad creadora que arrastra a rencontrarse con visiones que de otra forma le han sido reveladas al hombre desde su genética ancestral, con el mismo afán de descifrar enigmas que nos salvan o condenan. Suele sumergirnos en terrenos que nos conducen a la libertad y a la interpretación de un mundo que culturalmente nos inhibe. Por eso tiene la virtud de abordar toda clase de temáticas, pasando por la cercanía a los secretos recónditos del corazón humano y llegando a la exploración de una sociedad degradada que merece reflexión y rescate.
Pocos seres han dedicado la vida entera al ejercicio constante y acertado de la escritura, pues decidió el Maestro no optar por otra escuela que no fuera su devoción por la creación literaria, recogiendo en cada palabra los dictados de su noble conciencia y dando coherencia a su forma de vida, con la producción de su prolífica obra.
Soto Aparicio reconstruye paso a paso nuestra memoria continental; acercarnos a su obra, y hermanarnos con la grandeza de su espíritu, nos exhorta a seguir amando la lectura, a comprender ese destino común que se teje entre seres humanos, estrellas e infinito.